CAPÍTULO 58

DIMITRI

—Lo siento, lo siento, pero juro que no sabía lo que iban a… —Corto sus palabras agarrando la aguja y sujetando su cabeza con una presa de hierro.

Las lágrimas caen de sus ojos mientras forcejea en la silla, sus brazos y piernas atados con alambre de púas, tal como hicieron con mi chica.

—Shhh, no te muevas o puedo arruinar esto —le espeto, mientras empiezo a pasar el hilo por sus labios.

Se mueve y grita, pero cuando me aparto, no se ve tan mal. Puntadas parejas, no muy separadas, y su
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