COLINA
—¿Quieres herirme? Bien, hazlo si eso te ayuda. Puedo soportarlo —escupo, harta de esta mierda. Justo cuando creo que me estoy acercando, él se aleja otra vez, dándome solo los pedazos de sí mismo que quiere, escondiendo los demás. Ya me cansé de esto.
Golpea la ventana con las manos, su frente apoyada en el cristal.
—Sal de aquí —ordena.
—No —respondo con calma, cruzándome de brazos—. No hasta que saques toda esta mierda a la luz. ¿Te preocupa herirme? ¿Por tu padre? ¿Verdad? ¿O tal vez