Capítulo 40.
El dolor aún estaba reflejado en esos ojos violeta que solo cobraban más intensidad con cada estocada.
Harper podía notar cuánto se contenía el mafioso, pero también lo incitaba a seguir, ya que la carencia de dolor sólo creaba ese punto exacto de dolor que quería y le dejaba ver a través de sus ojos. Las muecas lo ponían peor. El dolor nunca antes supo tan bien cómo verlo reflejado en la pelirroja que jadeaba, presa entre la satisfacción y su brutalidad.
Su furor no desaparecía, aumentaba a