Capítulo 34.
La lengua del mafioso envolvió sus senos y ella suspiró, dejando de temblar al sentir como este comenzó a mordisquear la piel alrededor. Su mente sucumbió y su cuerpo se estremeció al tener las manos deslizándose por sus piernas.
Su centro pulsó. Sus manos se sostuvieron y sus ojos lagrimearon en el momento que su humedad se desbordaba gota a gota. Mateo apenas estaba haciendo lo mínimo, y ella estaba totalmente preparada para aceptar todo.
Estuvo tentada a detener la mano que ingresaba entr