Capítulo 208.
El rubio giró el vendaje alrededor de su abdomen, presionando con más fuerza de la necesaria. Sus ojos, antes imperturbables, ahora vibraban con una tensión que no conocía en sí mismo. El color de sus iris se dilataba y se contraía, como si cada latido del corazón marcara también una pulsación en su mirada.
Valente no alzó la voz. No maldijo. No gritó. Evocó lo que hizo antes de salir de aquella comisaría solo se quedó ahí, de pie entre cadáveres y columnas agujereadas, mientras el humo comenz