Capítulo 207.
Uno de los cazadores se adelantó. No dijo palabra. Levantó un machete dentado, acelerando los pasos. Movió su arma en el aire con habilidad, como si estuviera midiendo el cuello del Coloso sin tocarlo todavía.
—¿No van a hablar? ¿No hay discurso dramático? ¿Ni una orden de su amo? —se burló, aunque la voz ya le salía más ronca. —Espero que sirvan para algo, porque lo que tienen enfrente no es un inútil —dijo encarándolos, bajando la mirada como un toro antes de embestir—. Es el maldit0 Coloso,