El fuego devoraba estructuras y asfixiaba a todos, con gases liberados por las explosiones y granadas de humo que se expandían con una violencia extrema. El rojo ardiente se reflejaba en las pupilas de los que aún quedaban vivos, obligados a arrastrarse por el suelo ennegrecido que retumbaba a cada nada con los helicópteros que caían y estallaban por todos lados.
Las alertas para que ningún civil se acercara ya estaban dadas y se enviaban por cualquier canal que llegara a todos. El perímetro e