Capítulo 161.
El portugués, recargado y con la furia de un animal que entendía por primera vez que sí había quienes podían hacerle frente, se plantó con la FN Minimi entre las manos. La colocó sobre el capó del vehículo como si fuese un altar de guerra que sería su salida. Mientras aseguraba el arma con golpes precisos, sus ojos no parpadeaban, ordenando a su acompañante que se quedara abajo.
—Sabes lo que tienes en juego, maldit0 idiota. Así que es mejor que tu trabajo sea impecable— susurró con voz baja, e