Capítulo 11.
Harper apenas recordaba lo que vio antes de perder la consciencia, pero sí estaba segura de que no era una alucinación cuando distinguió al mafioso. Jamás querría ver ese rostro tan cerca, pero lo tuvo, de otra manera no podría saber que su cuello olía a sándalo y cuero. Algo que antes no notó, pero ahora estaba seguro que era de él.
Solo ese invasivo imbécil se atrevería a sostenerla de esa forma. Hubiese preferido morir que volver a tocarlo.
La habitación del hospital y esos sonidos de un