Capítulo 118.
—Las camisas no son prohibidas— le dijo el heredero de Harmonía al motociclista que llegaba a la planta superior, desde la salida del taller que lo llevó a la sala de reuniones.
Asher se detuvo en la entrada, con una sonrisa arrogante curvando sus labios. Sus ojos burlescos encontraron a Vladimir y no pudo evitar un leve arqueo de cejas.
—¿Y quién necesita una camisa teniendo esto?— replicó Asher, con un tono cargado de arrogancia al apuntar su torso.
Dejó pasar a un grupo de mujeres que