El cuerpo del Segador, aplastado por las lianas de la Hestia, emitía un silbido eléctrico mientras su batería interna se agotaba. En el silencio que siguió al estallido de poder de Nico, el Santuario del Pulso parecía haber envejecido cien años en un segundo. Las Aguas de Infusión, antes vibrantes, ahora estaban turbias, como si la energía consumida por mi hijo hubiera succionado la vida del estanque.
Kaelen se puso en pie con dificultad, limpiándose la sangre azul de su máscara. Miró los resto