La estación de mantenimiento se sumió en un silencio tenso tras el anuncio de Aris. Frank se encontraba en la pequeña habitación de Willis, donde el aire olía a antiséptico y a la humedad de las rocas. El veterano, ahora apoyado contra unos cojines sucios, observaba los viales azules con una mirada que no era de triunfo, sino de una profunda y amarga melancolía.
—Aris dice que esto es la cura —dijo Frank, rompiendo el silencio—. Dice que hemos ganado, Willis. ¿Por qué parece que acabas de ver