ANASTASIA
Leo me coge de la mano y me lleva por el corto pasillo hasta un habitáculo. Aquí dentro huele a él, y a desinfectante.
—No sabía si estabas ocupado, pero estaba aburrida en la cafetería y... —empiezo a decir, sintiéndome un poco tonta por aparecer así, sin avisar, con la excusa más débil del mundo.
—No importa.
Su voz sale tan rápida que me corta el aliento. Y antes de que pueda decir nada más, ya tengo su boca sobre la mía. Sus labios son cálidos, urgentes, y me derrito contra él com