La palabra le erizó la piel, y por reflejo Sabrina se humedeció los labios.
—No… no entiendo.
—Me preguntaste por qué tanta prisa. —respondió Haruki. — Te dije que el destino no espera, y es verdad, pero también hay otra razón. —aseguro mientras señalaba la agenda vieja— Revisé esto con atención, y no me agradó lo que vi.
Sabrina frunció el ceño, confundida, mas no asustada.
—No creo tener nada… indebido anotado allí. —balbuceó— Sólo… cosas del día a día. Citas. Recordatorios.
—Exacto. —dijo Ha