Sabrina tardó menos de quince minutos en alistarse, se lavó la cara, se recogió el cabello en una coleta prolija, retocó el maquillaje solo con lo básico, corrector, un poco de máscara, brillo tenue en los labios, nada dramático, y luego se colocó una camisa blanca limpia, un pantalón oscuro, zapatos cerrados, porque no iba “a la casa de un hombre”, ella solo iba a trabajar, o al menos, eso intentaba repetirse mientras ajustaba el reloj en su muñeca y tomaba su bolso.
Cuando el timbre sonó, dio