El sol comenzaba a alzarse y los motores rugían casi al mismo tiempo, pero eran dos bestias distintas, tal como sus dueños, el deportivo negro de Hikara cortó la calle como una cuchilla brillante, y el ruido del escape resonaba contra el asfalto, en cambio el sedán oscuro de Haruki se deslizaba sobrio, casi silencioso, como si se negara a llamar la atención de nadie, eran gemelos, sí, pero tenían dos formas muy diferentes de llegar al mismo lugar, y por más que el guardia de la entrada principa