Sonriendo miro hacia el hombre lobo que corre como si estuviera huyendo del fuego y mi corazón se acelera cuando nuestras miradas conectan.
‘Finalmente ha vuelto.’ Me digo mentalmente.
— Deja de babear, me vas a ensuciar las piernas. — dice Angelica y yo paso mi mano por la boca, notando que es mentira.
— ¡Angelica! — grito y ella me jala para que me agache.
— No delates nuestra ubicación. — dice Angelica con seriedad.
— Lo siento. — digo sintiendo que mi corazón se acelere mucho.
‘No me