Quiero romperle el cuello, pero, mi esposa necesita más que su maldita madre muerta. Ella merece que la maldita que la trajo al mundo a sufrir, se arrodille e implore por el perdón que aún no merece.
— ¿Vas a seguir negándolo? Eres mi madre, pero, ¿no crees que es justo que así como le dijiste a todo lo que le hicieron a tu hija para que la matarán en la competencia, yo mande estas pruebas a tus amistades, esas que se sienten afortunadas de tenerte como amiga?
— ¡Que no se te ocurra, Angela…! ¡