Se me revolvió el estómago de una forma extraña mientras las contemplaba. Flexioné un poco los dedos de los pies para comprobar lo ajustadas que estaban las vendas. El dolor ardiente de la noche anterior se había reducido a un latido sordo. Las heridas ya no estaban en carne viva. Ya no sangraban.
Alguien las había limpiado.
Alguien las había vendado.
Un recuerdo se filtró en mi mente antes de que pudiera detenerlo.
Raphael arrodillado en el suelo.
Sus grandes manos sujetándome el tobillo p