Hermana.
La palabra me resultaba extraña al pronunciarla. Cuando la miraba, no veía a una hermana. Veía un acertijo. Un muro que se negaba a caer.
Durante años, mi vida había sido una sucesión de victorias fáciles. Todas las mujeres que deseaba terminaban cediendo. Todos los hombres con quienes negociaba acababan doblegándose. El mundo era una máquina bien engrasada que me entregaba exactamente lo que pedía y aquello me estaba pudriendo el cerebro. Estaba aburrido. Estaba jodidamente harto de