—Gracias por el aventón —respondí con rapidez mientras me acomodaba la mochila sobre el hombro—. Adiós.
Luego de despedirme, caminé hacia la entrada. Llegué al laboratorio unos minutos antes de que comenzara la clase.
La puerta estaba entreabierta. Entré en silencio y ocupé mi asiento habitual cerca de la pared. No enfrente. Nunca enfrente. Al profesor le gustaba hacerles preguntas a quienes se sentaban allí.
Mi computadora tardó en encenderse mientras abría el cuaderno. Los apuntes de la sem