Emma llega a casa de Roland, toca el timbre varias veces, al ver que no la contesta nadie y cansada de esperar, decide aporrear la puerta desde fuera: —Roland, Roland, ábreme soy Emma
—Ya voy, no seas tan pesada —responde al reconocer de quien se trata.
—¿En serio crees que soy una pesada? —pregunta, cuando ve que Roland ya tiene la puerta abierta.
—Calla y pasa, no es por eso. Deja de dar voces, el otro día cuando llegué; me encontré toda la casa revuelta, alguien ha entrado aquí —dice Rola