Cuando Emma y Roland salen de casa, Cristian se pone manos a la obra; llama a su mujer por teléfono, y comienza a hablar con ella.
—Hola, cariño.
—Hola amor. ¿Cómo estás? —responde ella.
—Bien cielo. Ya tengo al chico, estoy pensando en llamar al juez que le sentenció —comenta Cristian.
—¿Para qué quieres hablar con él? —pregunta su mujer.
Recapacitando las palabras, pero pensando en el chico, responde:
—Tienes razón, pondrán a Kevin en busca y captura, no quiero que este muchacho tenga m