Capítulo 88
El regreso a la villa provenzal no fue una marcha militar, sino una procesión de mitos vivientes. A medida que el convoy avanzaba por las carreteras flanqueadas de lavanda, los resuenes que antes dudaban se apartaban para dejar paso al vehículo negro. Alaric conducía con una mano firme, mientras la otra permanecía entrelazada con la de Isolde sobre la consola central. El silencio entre ellos ya no estaba cargado de secretos, sino de una plenitud vibrante; la simbiosis latía en sus p