Capítulo 24: El Susurro de la Obsidiana
La biblioteca de la villa era un habitáculo circular incrustado directamente en la roca viva del acantilado. El aire allí olía a papel antiguo, a cera de abejas y al aroma mineral de los Andes. Mientras Alaric reforzaba las trampas cinéticas en el desfiladero exterior, Isolde se refugió en este santuario de conocimiento silencioso. Necesitaba respuestas que el amor, por muy vasto que fuera, no podía darle.
Sentada en un sillón de terciopelo gastado, con e