El búnker era una cápsula de silencio absoluto en medio del estruendo. Tras el cierre de la puerta de acero, el ruido de los disparos se transformó en una vibración sorda que se sentía más en la planta de los pies que en los oídos. Isolde permanecía en el suelo, abrazando a Julian, cuyo cuerpo pequeño temblaba contra el suyo. La iluminación de emergencia, de un tono ámbar tenue, proyectaba sombras alargadas y distorsionadas sobre las paredes de hormigón armado.
Marcus se movía con una calma inq