El aire seguía cargado, pero ahora había un orden silencioso. Los sobrevivientes de los clanes se dispersaban lentamente, temerosos de acercarse demasiado, conscientes de que la joven frente a ellos no era solo un Eclipse… era un poder que podía decidir la vida o la muerte de todos.
Ciel bajó la mirada hacia Ian, y luego hacia Jordan. La tensión entre ellos era palpable, pero su voz era firme, cargada de autoridad:
—Escuchen todos. Este campo, este lugar, es testigo de que no seré propiedad de