CAPITULO 68

El campo estaba cubierto de polvo y cenizas, pero la presencia de Ciel seguía irradiando un poder que nadie podía ignorar. Flotaba apenas sobre el suelo, con la luz de sus ojos mezclando dorado y negro, y cada respiración suya parecía mover el aire a su alrededor como un viento cargado de electricidad.

Ian permanecía a su lado, todavía con heridas, pero firme. Sus manos sangraban, su pecho subía y bajaba con esfuerzo, pero no apartaba la mirada de Ciel. Cada vez que ella parpadeaba, él sentía q
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