Mientras el sol se elevaba, bañando el campo con tonos rojos y dorados, los líderes de los clanes comenzaron a organizar a sus tropas. Algunos se mostraban sumisos, inclinando la cabeza ante Ciel, conscientes de que cualquier desafío directo sería suicida. Otros se alejaban con cautela, murmurando entre ellos planes y estrategias para mantenerse en pie sin enfrentar directamente al Eclipse.
Ciel observaba desde el centro, sus ojos dorados y negros brillando con intensidad. Cada respiración suya