El rugido del lobo negro resonó como un trueno, haciendo temblar el campo de batalla. Su cuerpo, hecho de sombras y carne viva, se movía con una ferocidad imposible de contener. Cada paso suyo abría grietas en la tierra, cada aliento suyo expulsaba una ráfaga helada que olía a muerte.
Ciel flotaba a pocos metros frente a él, su cabello agitándose como llamas oscuras. La energía que la envolvía era un contraste imposible: plateada como la luna, negra como el vacío. El poder de Artaxiel y su prop