El fuego azul que rodeaba al Concilio se agitaba como un mar tempestuoso.
Cada figura envuelta en túnicas parecía caminar sobre un suelo que no pertenecía a este mundo. Sus máscaras reflejaban no solo los rostros de los presentes, sino sus miedos más íntimos. Los guerreros, que hacía minutos luchaban hasta la muerte, ahora retrocedían como niños asustados.
Ciel seguía inconsciente entre los brazos de Ian, su respiración entrecortada, su piel sudorosa. Cada exhalación parecía traer consigo un de