Los tambores se hicieron más fuertes, retumbando como un corazón monstruoso en la distancia. Las sombras del bosque se apartaron, revelando figuras que emergían entre la niebla: ejércitos enteros de los tres clanes. Sus estandartes ondeaban, teñidos de sangre y ceniza.
No eran simples guerreros esta vez. Avanzaban sacerdotes cubiertos de tatuajes arcanos, bestias con colmillos tan largos como espadas, y vampiros ancianos que habían dormido siglos bajo tierra. Todos con la mirada fija en Ciel.
I