El silencio era denso, roto solo por la respiración entrecortada de Ciel contra el pecho de Ian. Él la sostenía como si temiera que el aire mismo pudiera arrebatársela, su luz aún chisporroteando alrededor de ambos.
Pero ese instante fue cortado por una voz baja, sedosa y peligrosa:
—Qué conmovedor… casi parece amor verdadero.
Ian se irguió de inmediato, colocando a Ciel detrás de sí como un escudo. Sus ojos dorados ardieron al reconocer la silueta que emergía entre los árboles ennegrecidos: J