Capítulo 35

Ian se quedó helado ante la pregunta. Sus ojos, tan fieros en la batalla, ahora estaban llenos de un miedo distinto, un miedo íntimo.

Su mano tembló al sostener el rostro de Ciel.

—No —dijo, con la voz ronca—. Nunca te dejaría destruirte. No me pidas eso, Ciel. Si el mundo tiene que arder para que sigas viva… entonces que arda.

Las palabras cayeron como un cuchillo entre todos. Leonardo lo miró con furia contenida.

—¡Egoísta! ¿Prefieres sacrificar millones solo por retenerla?

Ian lo miró de vuelta, su mirada encendida.

—Prefiero perder al mundo antes que perderla a ella. ¿Acaso tú no harías lo mismo, padre?

Leonardo guardó silencio, su sombra vibrando con violencia, incapaz de negar esa verdad.

Jordan, por su parte, dio un paso al frente, y su sonrisa se ensanchó con una mezcla de burla y fascinación.

—Hermano, hermano… finalmente lo admites. Eso que sientes no es protección, es obsesión. Y ella lo sabe. —Clavó sus ojos en Ciel—. ¿Lo ves, Eclipse? Eres la ruina de todos: de él, de mí,
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