El campo de batalla estaba devastado. Árboles arrancados, rocas partidas y cuerpos inmóviles marcaban el caos que la explosión de poder de Ciel había dejado atrás. El aire todavía vibraba con la energía que emanaba de ella, un pulso que hacía que la sangre de los presentes se agitara y la tierra temblara bajo sus pies.
Leonardo se levantó con dificultad, apoyándose en su bastón y observando a su hija. Sus ojos brillaban con orgullo y miedo mezclados:
—Ciel… nunca imaginé que serías tan fuerte…