Ciel despertó temprano esa mañana, el sol apenas filtrándose por las cortinas. El eco de la discusión de anoche entre Ian y Jordan todavía retumbaba en su cabeza. Se sentía dividida, cansada de ser el centro de una guerra que no entendía del todo.
Se vistió con calma, se miró al espejo y suspiró al ver sus ojos aún hinchados por el llanto.
—Hoy no voy a pensar en ellos… —murmuró, tratando de convencerse.
Bajó las escaleras y encontró a Leonardo preparando café.
—¿Dormiste bien, hija? —preguntó