La lluvia había cesado al amanecer, pero el aire seguía cargado de una humedad espesa, como si el mundo contuviera el aliento. Ian caminaba por el bosque, con el abrigo empapado y los pensamientos revueltos.
Cada paso lo alejaba de Ciel… y cada paso dolía más.
“Ya es demasiado tarde”, se repitió una y otra vez, recordando el calor de sus labios, el temblor de su cuerpo, la forma en que el pulso híbrido de ella se mezcló con el suyo, desatando algo que no podría volver a contener.
Cuando llegó a