Un mes después
Me seco las manos en el paño de cocina al oír que tocan a la puerta.
―Un momento.
Apago la hornilla, tapo la olla y camino hacia la puerta. Al abrir me consigo de frente con un enorme ramo de flores. Pero, ¿Qué es esto?
―Señorita, Abigaíl MacAllister.
Asiento en respuesta.
―Una entrega para usted.
¿Para mí? Pero, ¿quién pudo haberme enviado flores? Me hago a un lado para pedirle que entre y lo ponga en la mesa. De ninguna forma podré con ese ramo tan gigantesco.
―Pasa, po