El aire abandona mis pulmones en el instante en que, Horacio, libera aquella confesión.
―¿Qué demonios, papá? ―le indica con frustración―. ¿Cómo se te ocurre inventar semejante barbaridad en un momento como este?
Ya no puedo seguir guardando por más tiempo este secreto. Mi hija necesita la sangre de su padre y considero que no es justo para Samuel, que siga ignorando el hecho de que esa pequeña que lucha por si vida dentro de aquel quirófano, es también hija suya.
Inhalo una profunda bocanada