Arieto mis puños y tiemblo de pies a cabeza mientras espero una respuesta de su parte. Juré nunca más dejarme humillar por nadie, pero por mi hija estoy dispuesta a hacer cualquier sacrificio que sea necesario. Prometí que cuidaría de ella y estoy decidida a cumplir mi promesa a como dé lugar.
Me quedo plantada de rodillas en el suelo hasta escuchar que acepta lo que acabo de proponerle. No voy a dar ni un solo paso atrás hasta logarlo.
―Levántate del piso, hija, por favor ―me implora Horacio