―¿Así que estamos prometidos?
Lorena se detiene en el medio de mi habitación, cruza los brazos sobre su pecho y alza una de sus cejas mientras me mira con enfado.
―No, tu y yo, nunca estaremos comprometidos ―respondo tajante―. Solo te usé a mi conveniencia y espero que me sigas el juego. Par el nosotros, no existe conjugación.
Atravieso la habitación y me detengo en el balcón. Aferro mis manos a la baranda, cierro los ojos y bajo la cabeza. ¿Qué coñ0 me está pasando? ¿Por qué usar una excusa