Esa misma tarde, mientras Lucas y Diego salían a comprar más ron y algunos ingredientes para la cena de Nochebuena, Sofía se quedó en la terraza con un libro. Valeria decidió acercarse. Llevaba dos vasos de limonada fresca.
—Hace mucho calor para leer al sol —dijo Valeria ofreciéndole uno—. ¿Quieres que te ponga protector solar? Los europeos se queman fácil aquí.
Sofía aceptó el vaso con una sonrisa cortés pero distante.
—Gracias. Estoy bien. —Miró hacia la playa donde Lucas jugaba con Lucía—.