El 18 de diciembre llegó demasiado rápido.
La casa estaba envuelta en una mezcla extraña de tristeza y resignación. Las maletas de Lucas estaban abiertas sobre su cama, y Valeria doblaba su ropa con movimientos mecánicos, como si estuviera en trance.
Lucas la observaba desde la puerta. Sabía que su mamá estaba sufriendo, pero no sabía cómo consolarla.
—Mamá… —dijo suavemente.
Valeria se detuvo un momento, pero no se giró.
—¿Sí?
—Gracias por dejarme ir.
Ella respiró profundo y siguió doblando un