La tensión en la casa se podía cortar con un cuchillo.
Habían pasado dos semanas desde que Lucas regresó, y la situación empeoraba día tras día. Lucas estaba más callado, más distante. Valeria y Diego apenas dormían, y Emma y Mateo sentían que su hermano mayor ya no era el mismo.
Una mañana de sábado, mientras desayunaban, Lucas dejó su taza de chocolate sobre la mesa y dijo con voz firme:
—Quiero hablar con todos.
Todos se quedaron en silencio. Valeria sintió que el corazón se le aceleraba. Di