El aeropuerto estaba lleno de gente, pero Lucas solo tenía ojos para una sola cosa: su familia.
En cuanto cruzó la puerta de llegadas, Emma salió corriendo hacia él como un torbellino y se lanzó a sus brazos con tanta fuerza que casi lo tira al suelo.
—¡Lucas! ¡Lucas! —gritaba llorando mientras lo apretaba contra ella.
Lucas soltó la maleta y la abrazó también. Por primera vez en quince días sintió que algo dentro de él se acomodaba. Mateo llegó segundos después y se unió al abrazo, rodeando a