El aire en el subsuelo de la mansión era espeso, casi irrespirable.
Las antorchas colgadas en las paredes daban una luz temblorosa que hacía que las sombras se movieran como criaturas vivientes. En el centro, encadenados de pies y manos, los trece traidores capturados se retorcían y gruñían como animales rabiosos.
Theo estaba de pie frente a ellos, su aura Alfa envolviendo la sala como una tormenta que amenazaba con desatarse. A su lado, Greta permanecía inmóvil, los brazos cruzados, la mirada