El brillo dorado del vínculo se desvaneció poco a poco, como si hubiera entregado todo lo que podía…
y Greta ya no tenía fuerzas para mantenerse consciente.
Su respiración se volvió errática. La vista se le nubló. Las manos le temblaron sobre el pecho de Theo. Su frente seguía pegada a la de él.
—Theo… —susurró con la voz rota—. Por favor… te lo suplico… vuelve…
Bark seguía empujando energía hacia Azura… pero eso drenaba a Greta también.
Ella daba… daba… y daba… hasta que su cuerpo no pudo más.