El brillo dorado del vínculo se desvaneció poco a poco, como si hubiera entregado todo lo que podía…
y Greta ya no tenía fuerzas para mantenerse consciente.
Su respiración se volvió errática. La vista se le nubló. Las manos le temblaron sobre el pecho de Theo. Su frente seguía pegada a la de él.
—Theo… —susurró con la voz rota—. Por favor… te lo suplico… vuelve…
Bark seguía empujando energía hacia Azura… pero eso drenaba a Greta también.
Ella daba… daba… y daba… hasta que su cuerpo no pudo más.
Un mareo la golpeó. La habitación giró. Greta se inclinó hacia adelante involuntariamente, sus brazos cediendo. Y justo cuando su frente volvió a chocar suavemente contra la de Theo… sus fuerzas fallaron.
Cayó.
O habría caído, si no fuera porque unas manos cálidas y fuertes la atraparon en el aire.
Un brazo rodeó su cintura; el otro le sostuvo la espalda con firmeza, apretándola contra su cuerpo.
Un jadeo escapó de los labios de Greta.
—…Greta… —susurró una voz ronca, débil… pero viva.
Los ojos