Mundo ficciónIniciar sesión—¿Qué? — soltó la anciana con un chillido.
Abrió bien grandes los ojos por la angustia antes de desmayarse. —¡Madre! — El hombre la sujetó antes de que colapsaran el suelo. Se dio vuelta, y le gritó a Belén: —¡Diez millones! ¡Queremos diez millones! —Su corazón puede que haya dejado de latir, pero eso no quiere decir que esté muerto. No maldigas a tu hermano. —Tras hablar, Belén se dio vuelta y fue a la sala de emergencia.






