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“Gemidos”
Las piernas de la muchacha se separaron para poder encajar al lobo en su centro. Sus caderas empezaron a moverse, y aunque odiaba eso, debía admitir que su cuerpo estaba reaccionando a las caricias de la bestia.
—¿Te gusta?
Le preguntó él, sin dejar de besarla.
—Cierra la boca…
No pudo evitar reírse.
—Te gusta, lo sé.
La posicionó debajo de él, para poder tocarla, su mano viajó delicadamente por sus piernas, antes de acariciar su centro. Su cabeza se echó hacia atrás ante las corri