23
“Hijo de perra”
—No te atrevas a hablar de mi mujer así… Dale gracias a los dioses que eres mi sangre… Sino, también estarías siendo comida de mis perros.
Al abrir la puerta de su habitación se encontró con Eva tratando de escapar por la ventana, una risita brotó de su boca porque amaba que no se diera por vencida, aunque amaba más hacerle perder todas sus esperanzas.
—¿Quieres que te ayude?
Dijo, abriendo él mismo el seguro.
—Eres un hijo de perra…
—Quizás… Pero, eso no hará que dejes de se